lunes, 8 de octubre de 2012

Iguales, parecidos y diferentes

Todo parece igual, pero el tiempo siempre se encargará de romper esa ilusión.

La vieja pelea cordobesa con los gobiernos nacionales asemeja ser la de toda la vida.

Según qué espejo la refleje y durante qué momento, esa reyerta podrá ser presentada como una feliz secuencia de rebeldía cordobesa que se remonta a los años virreinales.

Pero también como una nueva oportunidad perdida, entre tantas, por no sumarse al alegre coro nacional que canta al ritmo del puerto.

El primero será el discurso de los que mandan acá; el segundo será el argumento de los que representan entre nosotros los mandatos de Buenos Aires.

Para no ir tan atrás, alcanza con las décadas recientes. Según esa lógica, el José Manuel de la Sota de hoy es el Eduardo Angeloz de hace 20 años. Por lo mismo, los delegados kirchneristas de estos días hablan de la misma chance desperdiciada por Córdoba por ir a contramano del poder central, que aquellos menemistas y cavallistas que rezongaban en nombre de la Casa Rosada.

Fue dicho. Lo que parece igual está condenado a transformarse.

Por si alguna duda podía quedar, los cordobeses ya no podrán alegar ignorancia sobre los nuevos matices del desencuentro de estas horas.

El miércoles, ante los editores de diarios y revistas de todo el país nacionales reunidos en Córdoba, De la Sota saludó como gobernador y habló como un opositor y aspirante presidencial.

Las palabras “harto”, “cansado” y “distinto” fueron dichas con el explícito objetivo de notificar su distancia con el Gobierno central.

De la Sota hurga en un peronismo que todavía parece lejos de decidirse a un rompimiento explícito como el que él ya planteó. Hugo Moyano parece ir por el mismo camino, pero unas viejas diferencias los separan, al menos por ahora.

“Quiero ser gobernador porque quiero buscar mi última chance para ser presidente”, dijo un año atrás, cuando abrió una serie de reuniones con distintos sectores en Córdoba.

Mirado desde esa perspectiva, el quiebre con el gobierno de Cristina Fernández forma parte del lanzamiento de De la Sota hacia su nueva aventura nacional.

De la Sota dijo ser militante del “peronismo democrático”, con lo que ubicó en el bando autoritario al Gobierno nacional y se colocó él mismo en la distancia que separa a los opositores de los adherentes de Cristina Fernández.

El gobernador usa el reclamo de fondos a la Nación como lanzadera política. Es un hecho y una mirada posible. Pero es también una observación incompleta.

Un gobernador sin las ambiciones explícitas de De la Sota hubiese padecido la misma circunstancia. Esto es, un gobierno provincial de Luis Juez o de Oscar Aguad (por citar sólo a los otros protagonistas de la última elección provincial) también hubiese terminado chocando con el rechazo kirchnerista a conceder los millones que los cordobeses reclaman.

Es por eso que radicales y juecistas compartieron hasta el límite impuesto por el lanzamiento nacional de De la Sota el reclamo por el incumplimiento kirchnerista al acuerdo para financiar el sistema jubilatorio provincial.

Se cayó el sistema. El titular de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), Diego Bossio, dijo al fin lo que se había ocultado durante tanto tiempo de negociaciones sin rumbo: la Nación ya no hará acuerdos con provincias para financiar sus sistemas jubilatorios.

Lo que no explicó Bossio es la razón por la cual la administración que integra se sigue quedando con los fondos que los estados federales cedieron al privatizarse el sistema previsional.

Liquidadas las AFJP, aquellos millones para sufragar el esquema estatal sobreviviente nunca regresaron a sus dueños. Federalismo contante y sonante tirado a la basura.

Esa barrera común de los tres principales partidos políticos de Córdoba es lo que lleva a tropezar a la Casa Rosada en sus intentos de sumar gente a su causa entre los cordobeses.

Al recorrido fuera del estanco universitario de la rectora, Carolina Scotto, le sigue una operación sobre intendentes peronistas y radicales del interior acostumbrados a ser asistidos por un Gobierno provincial que ahora ya no tiene para mucho más que para sobrevivir por sí mismo.

Ser kirchnerista a cambio de unos pesos es la opción que ofrecen por pueblos y ciudades. El peronismo de De la Sota y el radicalismo saben que ese trapicheo los dejará sin algunas fichas.

Suponen, con incierta esperanza, que perderán intendentes pero que no se les fugarán demasiados votos.

De la Sota piensa menos en la política provincial que en su intento de instalación nacional. Eso quiere decir que el Gobierno provincial descansará más en el jefe de Gabinete, Oscar González, y en el resto del gabinete. Y es esperable que la vicegobernadora, Alicia Pregno, comience a tener un papel más relevante.

El gobernador ya tiene en su agenda una invitación a hablar en una cumbre de los 60 grandes grupos empresarios de Brasil, en Río de Janeiro.

También estará en Mar del Plata en la reunión de Idea, el foro económico argentino al que vendrá el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva. De la Sota quiere una foto actual con el hombre que convirtió a los vecinos en potencia mundial.

Radicales y juecistas prometen andar el camino antikirchnerista de De la Sota, inquietos por la necesidad de diferenciarse del gobernador.

A favor de estar en contra.
Encontrar un discurso que los diferencie para la competencia local del año que viene es lo que los tiene ocupados. Por ahora, la política de Córdoba parece reducida a establecer qué dirigente es más antikirchnerista. Colabora con esto la vieja historia cordobesa de pelear con el poder central.

Juez ya decidió que será candidato a gobernador, pero también acepta que antes se postulará primero para diputado nacional (aunque tenga todavía mandato como senador) si Cristina Fernández explicita que buscará cambiar la Constitución para lograr la famosa re-reelección que Carlos Menem no pudo conseguir.

Si el radicalismo cambia las reglas internas que impiden que Oscar Aguad sea nuevamente postulado, la competencia del año que viene será entre los aspirantes a gobernador de 2007, Juan Schiaretti incluido.

Falta el candidato K, en el que nadie piensa en estas horas en las que el Gobierno nacional parece viajar de la gloria a la derrota.




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